¡El ranking de los panes!

El pan, ese invento tan maravilloso que no puede faltar en una mesa bien puesta. Todas las culturas tienen su particular pan. En Francia su baguette, en Italia su foccacia, en Armenia su lavash, en Dinamarca su rugbrod, en China su baozi y en Cataluña su payés. La lista de panes en el mundo es interminable y… ¡ahora puedes votar por tu pan favorito!

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Los candidatos son:

· Baguette francesa: pan alargado y crujiente procendente de Francia.

· Pan gallego: procedente de Galicia y con forma redonda.

· Chapata: inventado en 1996 y popularizado desde el 2010 como el pan ideal para los bocadillos.

· Pan de ajo: servido como acompañamiento de varios platos italianos.

· Pan de pita: pan plano de consumo mediterráneo oriental cocido en las paredes del horno.

Para poder votar solo tienes que acceder a esta página y ¡listo!: 20minutos.es

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Los platos típicos españoles que no debes perderte.

Os invito a realizar un tour por la gastronomía española y enseñaros platos deliciosos que no os debéis perder por nada del mundo. Este tour lo realizaremos a través de las recetas que podemos encontrar en nuestra tierra, platos que han ido pasando de generación, en generación. ¿Quién no disfruta con las comidas de los abuelos? No hay nada mejor que una comida casera española.

  1. La famosa tortilla de patatas.

Se dice que el primer documento conocido que se refiere con exactitud a la tortilla de patatas proviene de 1817, y es de origen navarro. Sin embargo, mucho antes, las crónicas indias documentan que entorno al 1519 ya se conocía la tortilla de huevo en América y en Europa. Sea como fuese, lo cierto es que actualmente es uno de los platos que todos los españoles llevan en sus genes y puede degustarse en cualquiera de las ciudades del país.

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  1. EL rico gazpacho.

Es inimaginable un pasar un verano y sus elevadas temperaturas al sur de España sin contar con la ayuda que proporciona un buen gazpacho bien frío. Esta receta cuyos principales ingredientes son el tomate, el pepino, la cebolla, el aceite de oliva, el ajo y un poco de pan, resulta indispensable en los días de calor más intenso y se puede describir como una sopa fría. Suele presentarse acompañado de pequeños trozos de pan frito, pepino o pimiento rojo.

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  1. La aclamada paella.

La palabra paella en su origen designaba a la sartén, y, a pesar de sus muchas variaciones hay un ingrediente que está siempre presente: el arroz. Se dice que la tradicional paella valenciana era una mezcla de arroz con aquellos alimentos que tenían a mano los labradores: pollo, conejo y hortalizas típicas de Valencia como el garrofón.

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  1. Las Migas de Teruel.

No se puede pasar por Teruel sin haber probado un buen plato de migas. Este plato, que según algunas teorías podría derivar de los hormigos (guisos de trigos que aparecen citados en el siglo XVI), tiene como base el pan. La receta de las famosas migas de Teruel consiste en trocear pan y dejarlo remojar en agua y sal durante un día y después freírlo con aceite y ajo, dándole vueltas continuamente para evitar que se pegue a la sartén.

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  1. Una merienda en Galicia: la Tarta de Santiago.

Aunque Galicia es bien conocida por sus especialidades en marisco, esta vez vamos a destacar uno de sus postres más famosos: la Tarta de Santiago. Este postre tradicional se realiza a base de harina, mantequilla, almendras, azúcar, huevos y limón de lo que resulta una especie de bizcocho de característico sabor almendrado, cuya procedencia se remonta al siglo XVI y perdura hasta la actualidad.

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VUELVE EL TRUEQUE A LA TROBADA / TORNA LA BARATA A LA TROBADA

En las comunidades de antaño, el trueque era la única forma de conseguir lo que la tierra propia no podía dar. Con el nacimiento de la moneda, el trueque fue perdiendo fuerza. Hoy en día, la situación de crisis ha vuelto a poner de moda el intercambio de ropa, servicios o alimentos. Hace poco más de un mes abrió en Terrassa (Barcelona) La Trobada, el primer restaurante en España que permite a los comensales pagar su menú de medio día con dos horas de su tiempo.

La Trobada sirve en jornadas laborables desde el 21 de marzo alrededor de 60 comidas al día. Treinta de ellas son para clientes que pagan los 6,50 euros que cuesta su menú y 30 más para voluntarios que los servicios sociales remiten al restaurante. Estos últimos, a modo de trueque, pagan sus alimentos con trabajo. La iniciativa nace a partir del interés de la Asociación Local de Entidades para la Inclusión (ALEI), que agrupa a 29 entidades sociales.

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En les comunitats d’antany, la barata era l’única forma d’aconseguir el que la terra pròpia no podia donar. Amb el naixement de la moneda, la barata va anar perdent força. Avui dia, la situació de crisi ha tornat a posar de moda l’intercanvi de roba, serveis o aliments. Fa poc més d’un mes va obrir a Terrassa (Barcelona) La Trobada, el primer restaurant a Espanya que permet als comensals pagar el seu menú de mig dia amb dues hores del seu temps.

La Trobada serveix en jornades laborables des del 21 de març al voltant de 60 àpats al dia. Trenta d’elles són per a clients que paguen els 6,50 euros que costa el seu menú i 30 més per a voluntaris que els serveis socials remeten al restaurant. Aquests últims, a manera de bescanvi, paguen els seus aliments amb treball. La iniciativa naix a partir de l’interès de l’Associació Local d’Entitats per a la Inclusió (ALEI), que agrupa 29 entitats socials.

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MANO DE BUDA

La “mano o dedos de Buda” está documentada desde la época del Imperio Romano, donde la empezaron a utilizar como producto medicinal hasta que descubrieron sus dotes para la cocina.
Desde Roma llego a toda Europa y desde aquí, cruzo el charco hasta el continente americano por obra y gracia del imperio español.

Proviene de un arbusto o árbol pequeño de formas sinuosas y retorcidas que puede llegar a medir como máximo los 5 metros de altura.

Como en casi todos los cítricos, sus hojas desprenden un agradable aroma a limón y sus flores un perfume muy intenso a azahar.

Estos árboles rara vez se reproducen por medios de la semilla de sus frutos, ya que se produce con muchísima facilidad por medios de esquejes tomados de ramas de unos ejemplares maduros e injertados sobre naranjos o pomelos.

Como algunos tipos de naranja, el fruto de este árbol puede ser dulce o agrio, aunque en ambos casos la carne es áspera. Solo se encuentra en Asia y suele ser utilizada para fines medicinales por su alto contenido de vitamina C.

Las guerras del cacao

“El cacao ha jugado un papel importante, un papel esencial en Costa de Marfil”, indica el periodista e historiador Jean-Arsène Yao, vía correo electrónico, desde Madrid. “A nivel político, ha alimentado un sistema clientelista en el cual los ingresos han beneficiado a gran parte de la población al representar la base del llamado milagro marfileño de los 20 primeros años de la independencia del país. Además de financiar las principales infraestructuras económicas del país, el dinero del cacao se reparte ampliamente según reglas tácitas de equilibrio político, regional y étnico. Se utiliza para recompensar a los seguidores del partido en el poder y para sobornar a los opositores. A nivel de la inmigración, sabido es que el cultivo del cacao trajo a Costa de Marfil grandes contingentes de mano de obra, esencialmente de Burkina Faso. Estos últimos terminaron convirtiéndose en propietarios de plantaciones en la parte occidental del país y también en aliados políticos, como se ha visto en el caso de Amadé Ouérémi y sus hombres, que formaron parte de las fuerzas auxiliares de los Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCI) que llevaron a Alassane Dramane Ouattara al poder en 2011”.

El cultivo del cacao se introdujo en Costa de Marfil en el año 1888 en Aboisso, al sureste del país. Hay que responsabilizar de la llegada de los plantones de cacao a estas tierras a dos colonos franceses, Verdier y Retigniers. Sin embargo, su auténtica y meteórica expansión fue obra del primer presidente del país tras la independencia, Félix Houphouët-Boigny.

Gracias a Houphouët-Boigny, el cacao se convirtió en lo que el petróleo para Nigeria: suscitó una oleada de riqueza que se vio reflejada en el pujante perfil de los rascacielos de Plateau, el barrio de los negocios de la capital económica, Abiyán.

La promesa de trabajo y prosperidad atrajo a miles de emigrantes de los países más pobres de la región, como Mali y Burkina Faso, que llegaron a una Costa de Marfil boyante, hospitalaria y volcada en la agricultura. Houphouët-Boigny y los campos que se arrancaban a la selva, en un país que se deforestaba rápidamente, les recibieron con los brazos abiertos. En la década comprendida entre 1977 y 1987, Costa de Marfil perdió el 42% de su masa forestal y ganó miles de nuevos vecinos.

Los ochenta coincidieron con el colapso del “milagro marfileño”: caída de los precios, una deuda insostenible, malestar político y social y la plaga de los programas de ajuste estructural que pusieron la economía del país de rodillas. Con el tiempo, los migrantes y sus descendientes han llegado a contribuir —aproximadamente— al 20% de la población, enriqueciendo a Costa de Marfil con su sudor y sus culturas. Sin embargo, en época de crisis, asumieron el papel de chivo expiatorio frente a la frustración popular, que dio origen a la xenofobia encubierta bajo el término ivoirité (marfileñidad), una palabra nacida entre los estudiantes marfileños en Dakar en 1945 que se politizó a partir de su entrada en el terreno político en 1994, en boca del entonces primer ministro Henri Konan Bedié. La ivoirité es un concepto que excluye de la nacionalidad y los derechos a los extranjeros y a sus hijos e incluso a los marfileños que han nacido en determinadas zonas del país, como el norte.

La presencia masiva de extranjeros ha provocado, en parte, la inestabilidad política que aqueja a Costa de Marfil en los últimos años. Dos cuestiones unidas inextricablemente al cultivo del cacao (los derechos de propiedad y explotación de la tierra y el acceso a los recursos y el trabajo productivo) se encuentran en el origen de xenofobia y conflicto.

El cacao ha ejercido de casus belli y ha contribuido al conflicto que divide al país durante, prácticamente, casi todo lo que llevamos del siglo XXI. El “oro negro” ocupó el lugar de los diamantes de sangre sierraleoneses en el contexto marfileño: devino pilar de la economía de guerra de los rebeldes que ocuparon el norte del país desde el año 2002 y que se dedicaron a su contrabando a través de las fronteras. También ejerció de motor del esfuerzo bélico gubernamental, vía impuestos o donaciones “voluntarias”, que se destinaron a apuntalar al ejército regular. La fortuna de algunos señores de la guerra que hoy están integrados en las fuerzas armadas oficiales se ha construido, en ocasiones, sobre las espaldas de los campesinos que cultivan el cacao en los márgenes del país.

“Cabe recordar que entre 2002 y 2010, el dinero destinado a los campesinos se utilizó para otros fines”, señala Jean-Arsène Yao. Y precisa que 9.000 millones de francos CFA (1,3 millones de euros) sirvieron para la compra de una fábrica de chocolate en Estados Unidos y otros 30.000 millones (4,5 millones de euros) se invirtieron en el rearme de las fuerzas armadas durante la guerra.

¡PA – ELLA!


¿Sabes cuál es el origen de la paella? Pues bien, nosotras te lo contaremos a continuación.

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Se cuenta como verídico que el nombre tiene que ver con “ella”, pues érase una vez en 1012104_594104617278185_534325548_ncierto pueblo ribereño de la albufera del antiguo Reino de Valencia, una muy bella muchacha a la que todos los chavales pretendían. Al padre, hombre adinerado y muy aficionado del buen yantar, se le ocurrió convocar un concurso de platos de arroz entre los muchos candidatos, y mientras éstos los cocinaban solían gritar al cielo ¡Es pa ella!. La receta ganadora se quedó con ese nombre, hoy mundialmente famoso. Sin embargo, con el tiempo es muy difícil dilucidar con exactitud el contenido exacto de dicha receta ganadora, pues bien cierto es, que si tenemos a 1.000 cocineros, seguro que obtendremos 2.500 recetas diferentes de tan delicioso plato.

Según los más entendidos, la paella auténtica sólo debe llevar pollo, conejo, judías valencianas (bajoquete y garrafó), romero, azafrán, tomate y, evidentemente, arroz y agua.

Curioso ¿verdad?. Dicho esto, BON PROFIT!

El Dios Jano.

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Jano es ese dios de la mitología romana que tenía dos caras mirando en direcciones opuestas. A este dios se le han otorgado muchos atributos relacionados con la dualidad, y si echamos la vista atrás (emulando una de sus caras) a la historia de la exploración científica, deberíamos entronizarlo también como el dios de la investigación (sobre todo nutricional). ¿Qué otro dios podría respaldar que lo que ayer era bueno hoy es malo o que lo que ayer era verdad hoy ya no lo es?

Igualmente hablábamos recientemente en esta sección de cómo las grasas alimentarias ya no tenían el estigma generalizado de antaño y que las había malas (trans), menos buenas (saturadas) y buenas (monoinsaturadas y poliinsaturadas).

En los últimos días, Jano ha amparado también otro tipo de grasa, la corporal, esa que en la sociedad actual muchos vamos acumulando de una manera excesiva e indeseada. Una grasa que en el pasado remoto de la especie humana era, por el contrario, necesaria e incluso venerada ya que podía ser la diferencia entre la supervivencia y la muerte en los tiempos de hambruna.

Esa grasa, sabemos ahora, también viene en dos ‘sabores’ o mejor diríamos ‘colores’. La menos buena, o grasa blanca, que sirve de almacén de energía; y la buena que es la grasa marrón (o parda) que consume energía. En nuestra especie, la primera es la más común y la segunda se pensaba que sólo existía en los bebés, pero más recientemente se ha demostrado que también existe en los adultos, sobre todo en la zona profunda del cuello y sus alrededores.

Por lo tanto, en esa lucha enconada contra la obesidad, la parda es nuestra aliada y la blanca, nuestra enemiga. Lo que está claro es que en los humanos las fuerzas enemigas arrasan numéricamente a las aliadas y así lo demuestra el hecho de que cada vez estamos perdiendo más y más terreno a la obesidad. Basados en estos conocimientos, existe un gran interés por ver si podemos hacer cambiar de chaqueta al enemigo y ponerlo de nuestra parte, es decir, por convertir la grasa blanca en parda y que, desde su nuevo bando, contribuya a ‘quemar’ los excesos de la primera.

En los últimos años, se han ido filtrando en la prensa científica informes positivos acerca de defecciones del campo blanco al pardo, pero en los últimos días la evidencia generada por científicos del Instituto de Alimentación, Nutrición y Salud de Zúrich, recogida en la revista “nature Cell Biology”, ha sido más convincente que nunca. Aunque, como ocurre frecuentemente, el trabajo se ha llevado a cabo en ratones y su éxito en humanos se ignora por ahora.

A este respecto, ya se había observado y demostrado que los humanos (como los ratones) somos capaces de adaptarnos al frío produciendo células grasas pardas dentro del tejido adiposo blanco. Pero se pensaba que este proceso era exclusivo de unas pocas células especiales que estaban capacitadas para tal transformación y que desaparecían cuando no eran ya necesarias. Lo que estos investigadores han demostrado por primera vez es que las células grasas blancas pueden convertirse en pardas y viceversa dependiendo de la temperatura del medioambiente. Es decir, las blancas se transforman en pardas a bajas temperaturas y éstas revierten a blancas cuando la temperatura retorna a niveles más altos.descubrir recomendaciones y terapias más exitosas

Ante tal descubrimiento, la cura de la obesidad parece obvia: emigrar todos a los polos (ecológicamente no muy recomendable) o transformar nuestros dormitorios en neveras (poco atractivo porque no conseguiríamos el propósito buscado si nos cubrimos con múltiples mantas). Por lo que estas sugerencias tendrían un éxito similar en la lucha contra la obesidad al que han tenido otras soluciones previamente predicadas. Por lo tanto, el reto está en desvelar los mecanismos moleculares responsables de esta ‘inter-conversión’ que nos permitan   y llevaderas a través de la alimentación o incluso de la farmacología.